Un mago debe tener bastante en claro que, antes de realizar un truco de magia, debe ser consciente de que aquello que está dispuesto a realizar tiene que generar asombro, sorpresa y emoción. Aunque, tampoco debe dejarse de lado que debe vender creencia, casi como si se tratase de un producto de negocio.

 

EscuelaMagia.com, una de las escuelas que ofrece cursos de magia, enseña una forma de start up que congenia bastantes claves esenciales para el éxito de dicho oficio. Su eje trata de enfocarse en la audiencia y lograr sorprenderlos sin tapujos.

 

El público resulta ser la parte fundamental e imprescindible en el trabajo, ya que es lo que rodea al mago y, tras las reacciones y el entusiasmo, va guiando a gusto la presentación. Resulta imposible sin ellos hacer una venta de lo que se realiza, por que son la clara representación del trabajo sobre el escenario. Son el termómetro.

 

Por ende, se debe adaptar la presentación para dar el mensaje correcto, ya que el beneficio tiene que ser para ambas partes siempre. El cliente tiene la visión de que la magia lo ayudará, mientras el que invierte en ello busca crecer y recuperar lo invertido, ambos buscan contribuir a su beneficio.

 

Lo imposible puede llegar a ser muy posible, ese es el mensaje que el mago debe sobrellevar consigo mismo. Algo contradictorio, pero esa es la tarea del mago, ya que debe ocuparse pura y exclusivamente de convencer a cientos de personas de lo que él hace es real. Para colmo de todo, en vivo y directo, a través de la persuasión. Arduo y complicado labor.

Ante todo lo referido, vale indicar que es necesario sentenciar que el mago debe ser un ilusionista las 24 horas del día, sin descanso alguno. Pensar y ser un mago es aprender de la vida, hasta de la mejor manera y más divertida.